PUERTA IV
Se abrió la puerta para recibirlos, la secretaria los atiendió como si los conociera, nunca los
vio en su vida, Política del equipo, se valora. Todo resultaba cordial, gestos amenos que los
ayudaba a pasar el mal rato. Siempre algo de tensión hay en quienes esperan y los acompañantes no se salvan de la inquietud.
El hombre, un paso atrás miraba todo, cada detalle. El atuendo de la secretaria, la recepción de madera que olía a incienso, una lámpara de pie con caño de acero opaco y cuero, Igual a la de casa
El cilindro de cristal con calas, sillones mullidos azules, cortinados en el tono y el sol de Noviembre a pleno, entrando a raudales. Una mañana diáfana y fria, muy fria.
Se abrió una puerta –primera vez- El médico lo llamó por el apellido. El Poniéndose de pie se fue
apurado sin mirar ni saludar, ni un abrazo.
El se dirigió a la cafetería del sanatorio para tomar el desayuno, había llegado al lugar en
ayunas.
Cuando llevaba por la mitad el sandwisch, se abrió la puerta del ascensor y a los golpes
empujaron una camilla, tantos golpes que salió a mirar dejando el café con leche en la mesa que
ocupaba. La camilla entró por donde ingresara su mujer.
Luego, todo lo demás.
El médico casi llorando pidiéndole que rece que se iba que un paro respiratorio,que la hipotermia que no sabía.cómo había pasado, que rece.
Se abrió la puerta y entró el médico amigo, que lo ve llorando sin lágrimas que lo abraza, que
rece. Que ella se va, que se hizo todolo posible. Y vuelve a entrar, para dar a entender que no hay nada que hacer pero no lo dice, que ella se va. Y ya no escucha el resucitador, que mejor que muera. Ya más de quince minutos, descerebrada, que mejor que muera, que ya está, que no hay nada que hacer.
Que mejor que mueras. Mejor que mueras.
El hombre araña las paredes y abre la boca para gritar que se quede. Pero su voz no sale se le ahoga adentro. Ningún escándalo, ni un reclamo, no llora lágrimas.
Sale por la puerta principal, están los amigos, hermanos, Su madre (la madre de ella), se hace pequeña y nadie puede consolarla. Y él, que de esa pesadilla no despierta.
Todo cambia. En su vida, en el mundo, en su mundo.
También quiere morir. Y muere. Y una parte muy suya se muere entonces.
Y piensa y siente que esa parte, no resucita nunca porque sigue viviendo.
Algunas puertas pegan cuando cierran.
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